sábado, 5 de mayo de 2018

Introducción a el libro del Apocalipsis


“Revelación de Jesucristo, que Dios le dio..."

Arno Gaebelein

Esta es la primera frase del último libro de la Palabra de Dios. El mejor título del libro es, pues, «La Revelación de Jesucristo». Nuestro Señor recibió, según esta primera afirmación, una revelación de Dios. Hay que entender esto en relación con el hecho de que El mismo era el Hijo del Hombre. Como Hijo Unigénito no tenia necesidad de ninguna revelación; en su Divinidad El conoce todos los propósitos eternos. Siendo uno con Dios conoce el fin desde el principio. Pero El, que es el mismo Dios, tomó en su encarnación la forma de siervo, y así, en forma de hombre, se humilló a Sí mismo (Filipenses 2:7, 8). Y como Hombre que pasó por la muerte, que fue levantado de los muertos por Dios, y exaltado a su diestra, Dios le dio esta revelación referente al juicio de la tierra y la gloria de El mismo. «Dios le resucitó de los muertos y le ha dado gloria» (1.a Pedro 1:21). En qué consiste esta gloria recibida de Dios, se revela plenamente en este libro. Es la revelación de su gloria adquirida, y la forma en que esta gloria ha de ser manifestada en relación con la tierra. Y esta revelación El la da a conocer a sus siervos, porque los suyos comparten con El todo lo que El recibió de Dios.

Esta revelación es de modo preeminente su revelación; la revelación de su Persona y de su gloria. «Como está escrito de Mí en el rollo del libro...» (Hebreos 10:7). Martin Lutero preguntó: "¿ Qué Libro y qué Persona?, y contesta: Sólo hay un Libro: la Biblia; y sólo hay una Persona: Jesucristo." Todo el Libro, la Palabra de Dios, da testimonio de El que es la Palabra viva o el Verbo. El es el centro, la suma total y la sustancia de las Sagradas Escrituras. El lector que ora y lee la Biblia nunca va a leer en vano si se acerca al bendito Libro con el deseo de conocer a Cristo y su gloria. Su rostro bendito se ve en cada página y la guía infalible, el Espíritu Santo, nunca falla en satisfacer el anhelo del corazón del creyente de saber más de Cristo. En cuanto este último libro de la Biblia es la Revelación de Jesucristo, su «revelarse» o Revelación propia, hallamos en él la revelación más completa de su persona y de su gloria.

Es aqui donde muchas exposiciones del Apocalipsis se han descarriado. Ocupándose principalmente de los símbolos del Libro, los misterios, los juicios y la consumación prometida, han descuidado hacer suñciente énfasis en El, que a través de este libro es de modo preeminente el centro de todo. El lector del Apocalipsis hará bien si lee primero todo el libro con este objetivo delante: ver lo que se dice de nuestro Señor, de su Persona, de su presente y de su gloria futura.

Hallaremos todos los ragos de su Persona y su obra mencionados. El es «el Alfa y la Omega, el primero y el último» (1:11); el Anciano de Días (1:14, comp. con Daniel 7:9); el «Yo soy», esto es, «Jehová», El que vivo (1:18); el Hijo de Dios (2:18). Estos términos hablan de su Deidad. Su vida terrena en humillación se toca en la afirmación «el testigo fiel» (1:5). Su muerte en la cruz es mencionada también: «El nos lavó los pecados con su sangre» (1:15); «Estuvo muerto» (1:18); «el Cordero que ha sido inmolado» (5:6); «digno es el Cordero que fue inmolado» (5:12). Es mencionado veintiocho veces como el Cordero en el Apocalipsis y cada vez se nos recuerda la cruz y la gran obra realizada alli. Su resurrección también se ve, porque se le llama «El primogénito de los muertos» (1:5) ; y El habla de Sí mismo como «El que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que estoy vivo por los siglos de los siglos» (1:81); y de nuevo: «El primero y el postrero, el que estuvo muerto y volvió a la vida, dice esto» (2:8).

Luego le contemplamos «en medio» de la gloria, visto cara a cara por todos los redimidos y adorado por ellos, así como por las huestes celestiales y últimamente por toda criatura, en cumplimiento de Filipenses 2:10, 11, «Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es SEÑOR, para gloria de Dios Padre» (Apocalipsis 5:8-14). Después del capítulo cinco tenemos su revelación como el ejecutor de los juicios decretados. El abre los sellos; El envía a los siete ángeles con los juicios de las copas, en las cuales se completa la ira de Dios. "Pues ni aun el Padre juzga a nadie, sino que ha dado todo juicio al Hijo" (Juan 5:22). Luego le vemos en la unión gloriosa con la Esposa (19:7-10) cuando sale del cielo como el Cristo victorioso seguido de sus ejércitos celestiales (19:11-21), conquistando las fuerzas contrincantes del mal, ejecutando la ira del Dios Todopoderoso, y apareciendo como Rey de reyes y Señor de señores. El capítulo veinte le revela como el Cristo reinante. El y sus santos con El van a reinar sobre la tierra durante mil años. Y todo lo que sigue le revela a El y su gloria, asi como los resultados bienaventurados y eternos de su obra. 


UN LIBRO DE PROFECÍA

Aparte del título del Libro, que indica que en él se tratan cosas futuras, hay una añrmacíón directa que determina su carácter profético. En la primera bienaventuranza, de las siete que se encuentran en el Libro, leemos que es un libro de Profecía: «Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía» (1:3). Todo estudioso inteligente de la Biblia sabe que la Biblia es en gran parte profecía. Las grandes profecías con referencia al pueblo de Israel y las naciones del mundo se hallan en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento hay sólo un libro de profecía, el Apocalipsis. Y es la piedra que corona la obra de toda la revelación de Dios, sin la cual la Biblia sería un libro sin terminar, hallamos en sus páginas la consumación de las grandes profecías que fueron dadas por los profetas de Dios en los tiempos del Antiguo Testamento.

Para el estudio de este libro profético del Nuevo Testamento es, pues, una necesidad absoluta conocer del contenido principal de la Palabra profética del Antiguo Testamento. Por ejemplo, para el cristiano que no tiene una comprensión clara de las grandes profecías de Daniel, o ignora el lugar que ocupa el pueblo de Israel en los propósitos de Dios, el libro del Apocalipsis es totalmente sellado, sin ningún significado comprensible. Esta es una de las principales razones por las que este libro ha sufrido tanto de los críticos y de las manos de los comentaristas. El apóstol Pedro dijo: «Conociendo primero esto, que ninguna profecia de la Escritura procede de interpretación privada, porque nunca la profecia fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2.a Pedro 1:21). En vez de traducción de "interpretación privada" es mejor: «su propia interpretación». Esto significa que la interpretación de la profecía debe hacerse comparando textos de la Escritura con otros textos de la Escritura. Los santos hombres de Dios, los profetas, eran los instrumentos del Espíritu Santo para dar a conocer los propósitos de Dios de manera progresiva. El comprender la profecía sólo es posible tomando toda la Palabra profética en consideración. Ya hemos demostrado en otro libro que hay una armonia maravillosa en el gran cuerpo de verdades proféticas dispensacionales que se hallan en la Biblia. Este principio halla su aplicación principal en la interpretación del Apocalipsis.


LAS TRES CLASES

En 1 Corintios 10:32 el apóstol Pablo dice que la raza humana se divide en tres clases: los judíos, los gentiles y la Iglesia de Dios. En el Antiguo Testamento no se encuentra la Iglesia de Dios, porque la Iglesia es una institución del Nuevo Testamento. Como el Apocalipsis es el libro de la consumación hay que ver estas tres clases en el contenido de este libro. Muchos expositores no han visto en este libro sino las luchas de la Iglesia en su historia. Esto es verdad de la llamada escuela Preterista y también de la escuela Histórica de interpretación. La escuela Preterista enseña que las visiones apocalípticas han tenido cumplimiento en las luchas de la Iglesia en el pasado. La escuela Histórica enseña también que las visiones se refieren principalmente a la Iglesia. Estas escuelas de interpretación dejan a un lado los judíos y lo que está escrito referente a ellos y su historia final durante el fin de la edad, que precede a la gloriosa aparición de nuestro Señor. Últimamente ha aparecido otra escuela de intérpretes. Estos enseñan que todo el libro del Apocalipsis se refiere al pueblo judío y que no hay nada en absoluto sobre la Iglesia en él. Toda interpretación que descarta los judíos, el pueblo de Israel y el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento respecto a ellos está equivocada. La Iglesia y su destino en la tierra, el destino de la verdadera Iglesia y el destino de la Iglesia apóstata o Cristiandad, se encuentra en el Libro. Los judíos y lo que se refiere a ellos en el fin de la edad, los gentiles, las naciones de la tierra y los juicios que les esperan, así como el futuro de la tierra, un futuro de gloria y bienaventuranza, todo esto se encuentra en el libro de profecía del Nuevo Testamento.


LA VERDADERA INTERPRETACIÓN

Hay una verdadera interpretación del Apocalipsis, la cual está en armonía con todas las profecías previas y que abre el libro para que lo comprendamos. Pero ¿cómo hemos de hallar esta interpretación verdadera? Contestamos que el libro mismo la proporciona. Este es un hecho importante, a la vez convincente y concluyente. Por tanto, no produce beneficio alguno el examinar las diferentes teorias y escuelas de interpretación. Evitaremos los términos Preterista, Histórico y Futurista, y no intentaremos reconciliar estos modos diferentes de interpretación como han hecho algunos. Tiene que haber una sola interpretación verdadera, y afirmamos que ésta nos la da el mismo Señor en su libro.


LA LLAVE QUE ABRE
Se ha dicho con frecuencia y en verdad, que todo libro de la Biblia contiene una llave que lo abre. El Apocalipsis no es una excepción. Juan, el discípulo amado, estaba desterrado en la isla de Patmos como Daniel, el hombre amado, era cautivo en Babilonia. El Señor llamó a estos dos grandes siervos para que contemplaran el panorama del futuro. Ambos escribieron sus visiones. En el libro de Daniel no vemos que se le dé una orden directa de escribir lo visto, pero la hallamos en el primer capítulo del Apocalipsis. Juan recibió la instrucción divina de escribir el Apocalipsis. La hallamos en el versículo diecinueve: «Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas.» Juan, guiado por el Espíritu Santo, entonces escribió el Apocalipsis según la dirección divina. Al examinar esta orden de escribir hallamos que se mencionan tres cosas. Ha de escribir primero las cosas que ha visto, luego las cosas que son, y finalmente las cosas que han de ser después de éstas. Cuando Juan recibió estas instrucciones ya había visto algo, y la visión que había tenido se le manda que la escriba.

Luego, las cosas presentes, las cosas que son y las cosas futuras, las cosas que han de ser después que las cosas presentes hayan pasado, las cuales han de ser localizadas en este libro. Así que tenemos el pasado. el presente y el futuro en este versículo clave.


LAS TRES DIVISIONES, ¿DÓNDE ESTAN?

Queda claro, pues, que el libro del Apocalipsis ha de tener tres divisiones principales. ¿Dónde las localizamos? Están marcadas, de modo que no hemos de tener dudas sobre ello. En el principio del capítulo cuarto hallamos una afirmación significativa que muestra dónde empieza la tercera división. «Después de estas cosas», esto es, después que el contenido de los tres primeros capítulos ha pasado, Juan oyó la misma voz que le hablaba una vez más. Vio una puerta abierta en el cielo y se le dijo: «Sube acá, y te mostraré las cosas que deben suceder después de éstas» (4:1). No puede haber duda, en absoluto, que con el cuarto capítulo el vidente contempló las cosas que han de tener lugar después de las cosas precedentes; las cosas que son y las cosas pasadas. La tercera división del Apocalipsis empieza con el capítulo cuatro. Juan contempla las cosas futuras en el cielo al cual había sido llevado en el Espíritu. Las cosas que había visto y las cosas que son, pues, se hallan en los tres primeros capítulos del libro.
El primer capítulo contiene las cosas que había visto. «Escribe en un libro lo que ves», fue la primera instrucción recibida por Juan (v. 11). En el versículo diecinueve se le dice: «Escribe las cosas que has visto.» Entre el versículo 11 y el 19 vio una visión, que había de escribir, y esta visión constituye la primera sección o divisién del libro. Los capítulos dos y tres forman la división segunda, las cosas que son. El comienzo del capítulo cuatro hasta el final del libro es la tercera división, la última. No hay clave más lógica y más clara del libro. Y esta clave que nos da el libro, determina la verdadera interpretación.


LA VISIÓN DE PATMOS

«Las cosas que has visto --la primera sección del Apocalipsis es la gran visión de Patmos, capítulo 1:1218. Es la visión del Hijo del Hombre glorificado en medio de los siete candeleros de oro.»


LAS COSAS QUE SON

Las cosas que son, las cosas presentes, empiezan la sección profética del Apocalipsis. Los capítulos dos y tres del Apocalipsis, las cosas que son, contienen los mensajes que nuestro Señor dirigió a las siete iglesias de Asia Menor. Estos mensajes contienen la primera gran profecía del Apocalipsis. La profecía se refiere a la Iglesia sobre la tierra. Ya veremos al comentar sobre estos dos capitulos que tenemos en ellos una historia divina de la Iglesia en la tierra. Es una de las secciones más notables de la Palabra profética. Lo que esta edad presente va a ser religiosamente, y la forma en que va a terminar, se nos da a conocer en otras partes del Nuevo Testamento. Nuestro Señor, en algunas de sus parábolas del Reino (Mateo 13), revela las características de esta edad. Las parábolas del sembrador, de la Cizaña sembrada en el campo, la parábola de la simiente de mostaza y la de la levadura son proféticas y enseñan, por lo menos en parte, lo que revelan los mensajes de la Iglesia. El Espíritu Santo en el testimonio epistolar, también revela las características religiosas y morales de la edad, y describe su apartamiento de la verdad y su fin. El destino de la verdadera Iglesia es celestial. Es ella que tiene la bienaventurada esperanza que consiste en estar con el Señor en la gloria. Ella es el Cuerpo de Cristo, y El es la «Cabeza del Cuerpo». La Iglesia es también la Esposa de Cristo y El es el Esposo. El Cuerpo está unido a la Cabeza en gloria; la Esposa se une con el Esposo. 1 Tesalonicenses 4:13-18 es el pasaje de la Escritura que nos revela este fin para la verdadera Iglesia sobre la tierra. La iglesia profesa, o cristiandad, que rechaza la doctrina de Cristo y entra en la apostasía tiene un destino muy distinto. El Señor repudia a los que han negado su nombre, y el juicio y la ira serán derramados sobre la cristiandad apóstata (2.a Tesalonicenses 1:7-9). Estas predicciones referentes a la Iglesia sobre la tierra están contenidas en los siete mensajes a la Iglesia. Cuando llegamos al final del tercer capítulo hallamos una promesa significativa, y al mismo tiempo una amenaza equivalente. «Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, Yo también te guardaré de la hora de la prueba que está para venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.» Esta es la promesa. Nos habla del arrebatamiento de la verdadera Iglesia, compuesta de todos los verdaderos creyentes de la escena terrestre. «Te vomitaré de mi boca» (3: 16). Esta es la amenaza para la iglesia apóstata. Tanto la promesa como la amenaza se cumplirán. Después del tercer capítulo la palabra iglesia ya no aparece más en el Apocalipsis. La razón de ello es evidente. La historia de la Iglesia sobre la tierra termina con el final del tercer capítulo. Debido a que la verdadera Iglesia no está aquí, sino que es llevada a la gloria, y que los que profesar ser la Iglesia son repudiados por el Señor, no es posible hacer más mención a la Iglesia en el Apocalipsis.

LAS COSAS QUE SERÁN DESPUES DE ESTAS

Las cosas futuras, las cosas que ocurrirán después que la verdadera Iglesia sea quitada de la tierra, ocupan la mayor parte de este libro. Es de la máxima importancia ver que no hay nada de lo escrito después del tercer capítulo del Apocalipsis que ya haya acontecido. Algunos hablan de un cumplimiento pasado y parcial de algunas de las visiones que se hallan en esta sección. En vista del objetivo del libro, esto es imposible. La puerta abierta del cielo, la voz que llama al vidente para que entre por ella al cielo, es simbólica del gran suceso de su Venida, la realización de la bienaventurada esperanza de la venida del Señor a buscar a sus santos. El hecho que esta puerta se menciona inmediatamente después del tercer capítulo, y que Juan se halla súbitamente en el espíritu en la presencia del trono en el cielo, es muy significativo. Demuestra que toda la situación ha cambiado. Y la primera gran visión es la visión de los santos en gloria, que ocupan tronos y adoran a Dios y al Cordero. Con el capítulo sexto empiezan las visiones de los grandes juicios de este libro. Estos castigos tremendos en la tierra son ejecutados desde arriba. Todo se realiza después que el Señor ha llevado a sus santos a la gloria. No se abre ningún sello en tanto que este suceso no ha tenido lugar. Pero después del arrebatamiento el Cordero abre los sellos del libro, que ha recibido, y caen sobre la tierra los juicios de las trompetas y de las copas. Todo esto tiene lugar después que la verdadera Iglesia ha ido a su hogar y antes de la gloriosa aparición del Señor Jesucristo (19:11, etc.).

Ahora bien, esta porción del Apocalipsis, desde el capítulo 6 al 19 contiene los sucesos que ocurren durante el fin de la edad. Es la semana setenta no cumplida de la gran profecía del libro de Daniel (Daniel 9:24-27). Este «fin de la edad» que va a durar 1260 días, esto es siete años. Es absolutamente necesario entender el alcance de la profecía de Daniel de las setenta semanas, a fin de comprender la mayor parte de estos capítulos en el Apocalipsis. Esto nos lleva a terreno judío. Los sucesos relacionados con el pueblo judío y Jerusalén se hallan delante de nosotros. Los tiempos de los gentiles han llegado a su forma final en los diez reinos que vio Daniel en la cuarta bestia como diez cuernos, y Nabucodonosor en la estatua en la forma de los diez dedos del pie. El imperio en el cual estos diez reinos entran en existencia es el Imperio Romano. Será una renovación, y va a existir otra vez. Entonces un líder inicuo va a tomar la dirección de este Imperio Romano resurrecto, y otra Bestia, el falso profeta, el Anticristo va a dominar sobre el pueblo judío y perseguirá a sus santos, el remanente de Israel, en tanto que los moradores de la tierra experimentarán los grandes juicios. La última mitad de estos siete años será llamada la gran tribulación. Hemos de recordar también que nuestro Señor dejó una gran profecía respecto al fin de la edad. Esta profecía está contenida en el discurso del monte de los Olivos, la primera parte del cual (Mateo 24:4-44) armoniza de modo sorprendente con los sucesos de Apocalipsis 6:19. Nuestro Señor llama de modo especial la atención hacia Daniel, y asimismo habla de la gran tribulación. En nuestra breve exposición señalaremos algunos de los detalles interesantes y convincentes.

El glorioso punto culminante es la manifestación visible de nuestro Señor procedente del cielo, coronado con varias coronas, la derrota y derrocamiento de la Bestia y de los reyes de la tierra y sus ejércitos, el acto de atar a Satán, y el reinado de Cristo y sus santos durante mil años. Después de esto sigue el juicio del gran trono blanco,,que es el juicio de los muertos no redimidos, las glorias de la nueva Jerusalén, el destino eterno de los redimidos y el destino eterno de los perdidos. .

Si este último gran libro de la Biblia se estudia en este orden dado divinamente, deja de ser lo que se ha dicho que es muchas veces, un libro sellado. Ninguna de las interpretaciones y aplicaciones de estas grandes visiones a la historia pasada o presente, puede ser defendida tan pronto como se considera que estas visiones no son aun cumplidas, y sólo van a serlo cuando la Iglesia verdadera ya no se halle sobre la tierra.


LA BENDICIÓN PROMETIDA

Se promete una bendición al que lee, al que escucha y al que guarda. No se dice que haya una bendición para el que entienda y conozca todo lo que hay en este libro. Si ésta fuera la condición, ni el escritor ni el lector tendrían derecho a la bendición prometida. El maestro de la Biblia o quien sea, que dice que conoce y entiende todo lo que encuentra en este gran final de la Palabra de Dios está muy equivocado. No podemos estar seguros de todo en algunas de estas visiones, y el significado pleno de algunas es posible que no lo entendamos hasta que el mundo vea su cumplimiento. La bendición es prometida a aquellos de entre su pueblo que prestan atención a la revelación de Jesucristo. ¿Cuál es la bendición que podemos esperar mediante la lectura y estudio en oración de las palabras de esta profecía?

Primero, recibiremos por medio de este libro una visión maravillosa de nuestro Salvador y Señor. Esto es lo que necesitamos como pueblo suyo por encima de todo, y esto esto que trae bendición a nuestras vidas. Como hemos dicho antes, este libro es de modo preeminente su revelación, un revelarse bendito de su persona y su gloria. Pero tenemos todavía otra bendición. Al leer este libro nos damos cuenta de lo que podemos esperar para esta edad, qué juicios van a caer sobre el mundo y la forma en que el poder de Satán será manifestado de pleno sobre aquellos que hayan rechazado la gracia. El juicio, la tribulación y la ira vienen rápidamente sobre esta edad. De todo ello, nuestro Señor, clemente nos ha librado. No hay juicio, no hay ira para los que le conocemos a El como portador de nuestros pecados y como nuestro escondedero. Nuestros corazones deben estar llenos de alabanza cuando leemos las palabras de esta profecía y recordamos la gracia que nos ha salvado de todo lo que viene en esta edad.

Otra bendición es la seguridad de la victoria y gloria definitivas. La edad es tenebrosa, y se oscurece aún más, pero en el Apocalipsis contemplamos la gloria que viene para sus santos primero, y después que las nubes del juicio han desaparecido, para Jerusalén, las naciones y la tierra.

Al leer el Apocalipsis, nuestro corazón se llena de la seguridad y la certeza del final de todas las cosas. Es una atmósfera solemne que llena todo el libro del Apocalipsis. Cuando seguimos leyendo y vamos respirando esta atmósfera celestial y solemne el resultado será un andar más cerca de Dios, un culto de adoración más espiritual y un servicio más generoso para El «que nos amó y nos liberó de nuestros pecados con su sangre, e hizo de nosotros reyes y sacerdotes para Dios su Padre».

No hay comentarios.:

Publicar un comentario