sábado, 5 de mayo de 2018

El hiere, y sus manos curan


El hiere, y sus manos curan.

Job 5:18 


Beso la mano, Señor 
Que me azota con ternura, 
Permíteme que en tu seno 
Deposite mi amargura. 
Es amarga si la capa 
De mi suerte terrenal 
Mas tú eres para mi 
Más que todo lo que aqui 
Puede turbar mi alegria. 
Tú eres para el alma mia, 
La razón de mi existir. 
(Anónimo)

Yo solamente puedo decirte lo que me digo a mi mismo: «Pon tus ojos en Aquel que está arriba»… «Esteban, lleno del Espíritu Santo, levantó los ojos al cielo, y vio la gloria de Dios y a Jesús»… Cuando nos demos cuenta de lo detestable y corrupto de todas las cosas que nos rodean, volvamos nuestros ojos arriba; todo el poder y consuelo debe venir ahora de arriba. En la medida que tu ojo sea educado en ver la exaltación de Cristo, tu corazón será vigorizado para soportar todas las cosas por amor a El, como fue con el primer mártir, aunque no haya apenas lugar para la comparación.

Ciertamente comparto tu sufrimiento y estoy gozoso de saber que sólo hay una simpatía mayor que la que yo puedo expresarte y es la de Aquel que no solamente te sostiene en medio del sufrimiento, sino que levanta al dolorido para sufrir a su lado en su propia compañía. Esto es para mí lo que significa la declaración de que nuestro Sumo Pontífice ha sido hecho más alto que los cielos.

Así El me levanta. Su brazo se extiende hasta mi, pero me levanta hasta El.

La muerte amenaza todos los lazos cuando con rudeza quebranta el más querido; pero es el momento para ti de encontrar luz en las tinieblas y conocer mejor el compañerismo del "Varón de dolores".

Tú ocultas tu cabeza en el dolor, y el cielo todo parece oscuro....; sin embargo, este es el momento para que tu corazón encuentre en Jesús un recurso y satisfacción como nunca antes habías conocido.... Nadie más puede venir bastante cerca de ti. La dignidad del dolor prohíbe la intrusión de cualquiera que no sea Aquel que puede simpatizar de verdad.

El horror de la mayor oscuridad es la puerta a los más benditos descubrimientos de su amor.

El Señor te lleva a ver cuanto El aprecia tu corazón. "Dame, hijo mío, tu corazón"; y el corazón lleno de Cristo trae toda bendición de parte de Dios, como dice: "Por cuanto vosotros me amásteis".

No es siempre el largo discurso lo que hace eficaz el ministerio. A menudo una migaja de la mesa del Señor vale más que un largo mensaje.

Debes procurar no vivir de tu propio gozo en las cosas divinas… Me temo que juzgas tu propio estado por la cantidad de tu gozo. Yo creo que esto es insensato. Yo me juzgo a mí mismo por lo que Cristo es para mi y no me preocupo de ningún modo acerca de mi gozo; pero hallo que cuando El es bastante para mi, mi gozo es completo. Me regocijo en el Señor, porque El llena mi copa.

Acércate a los santos tanto como puedas ya que Cristo les ama y cuando ellos se mantienen en su amor, tú tendrás una compañía práctica para continuar en el feliz sentimiento de que Su amor es el todo. No necesitas turbar tu alma acerca de tu propia obediencia, pues si te mantienes en su amor deberás obedecer y cuanto más continúes en este amor, mejor será tu obediencia.

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